¿Qué es la Agroecología?

Agroecología

La agroecología es una ciencia y una práctica de hacer agricultura, que tiene en cuenta aspectos productivos, ecológicos, y sociales. Conlleva consigo un cambio de paradigma buscando trabajar con la naturaleza en lugar de batallar contra ella, creando las condiciones adecuadas para aprovechar los servicios ecosistémicos, enfocándolos hacia nuestras necesidades de producción. Algunas prácticas propuestas en cuanto a lo productivo y ecológico son: policultivo, semillas criollas, rotaciones, arado mínimo, uso de abonos verdes, cultivos de cobertura, mulching, biofertilizantes, aporte de materia orgánica al suelo, promoción de la biodiversidad y conservación de los ecosistemas. Algunas prácticas propuestas en cuanto a lo social y cultural son: comercio justo, cadenas cortas de comercialización, organización comunitaria, soberanía alimentaria, valoración de conocimiento tradicional de los agricultores, igualdad de género, prácticas y alimentos saludables para productores y consumidores, ideología del “buen vivir”. En Uruguay en 2019 se aprobó el Plan Nacional de Agroecología, que pretende fomentar la producción agroecológica y el desarrollo sustentable cuyos objetivos van a la par con los de Ecosativa.

¿ Qué son los Bioinsumos ?

Insumo vivo para la producción agropecuaria

Son sustancias biológicas que contienen microorganismos, y compuestos orgánicos como nutrientes, fitohormonas, enzimas, y otras moléculas, que pueden tener funciones bioestimulantes, promotoras del crecimiento vegetal o que afectan a patógenos e insectos no deseados. El reciclaje de la materia orgánica, es una manera efectiva de tratar de forma ecológica desechos que de otro modo contaminarían suelos y cursos de agua. De esta manera se los transforma en bioinsumos para la agricultura.

Biofertilizantes: son sustancias que además de nutrientes, permiten el ingreso de materia orgánica y microorganismos benéficos al sistema, lo cual es necesario para el desarrollo de plantas saludables y la conservación del suelo.

Biopesticidas: son sustancias bactericidas, fungicidas e insecticidas que son elaborados a base de compuestos que no dañan la ecología del agroecosistema ni afectan a la salud de productores y consumidores.

Inoculantes microbianos: son microorganismos con funciones beneficiosas de nuestro interés, como incrementar la disponibilidad de los nutrientes del suelo mientras se aumenta la biodiversidad del ecosistema.

Controladores biológicos: son microorganismos que naturalmente depredan, parasitan o compiten con patógenos y plagas sin afectar a otros organismos beneficos, sustituyendo así la aplicación de sustancias tóxicas.

¿ Porqué son importantes los microorganismos ?

Microorganismos.

Los microorganismos son los guardianes invisibles de la agricultura. De ellos depende el ciclaje de nutrientes que se encuentran en la atmósfera, en el suelo y en la materia orgánica. Son capaces de liberar los nutrientes que están secuestrados en las arcillas del suelo, acelerar la degradación de la materia orgánica, producir fitohormonas y enzimas promotoras del crecimiento vegetal, y competir, inhibir, parasitar o depredar hongos y bacterias patogénicos. En la naturaleza encontramos millones de microorganismos, y en especial en el suelo podemos encontrar muchos de interés agronómico. En el laboratorio, aislamos e identificamos los que cumplen funciones de interés para la agricultura, luego los cultivamos en altas concentraciones y realizamos ensayos en invernadero y en campo para evaluar su efecto en la salud del suelo y en el rendimiento de los cultivos. De esa manera es que hemos desarrollado nuestros bioinsumos que se utilizan para producir alimentos y medicinas de forma orgánica y ecológica.

La Agroecología como alternativa sustentable.

Una opción para los problemas de la agricultura “convencional”.

La agricultura “convencional” proveniente de la llamada “revolución verde” se basa en el uso de fertilizantes y plaguicidas químicos sintéticos, cuyo uso indiscriminado repercute en los ecosistemas, deteriorando la calidad de suelos y cuerpos de agua, así como también afectando negativamente la salud humana y la economía de los pequeños productores (Gliessman, 2002). La sobreexplotación del suelo, en conjunto con el uso excesivo de maquinaria y agroquímicos, y la falta de incorporación de materia orgánica, han conducido a la degradación de las propiedades físicas, químicas y biológicas que determinan la productividad de los suelos (Viteri, 2002).

Los alimentos conteniendo residuos de plaguicidas vienen deteriorando nuestra calidad y esperanza de vida teniendo consecuencias particularmente grave en quienes viven cerca de zonas de aplicación (Karam et al., 2015; Hernandez et al., 2017). En lo que respecta a lo social, la agricultura industrial no beneficia la diversificación económica ni fomenta la soberanía alimentaria. Los productores a escala familiar se vuelven dependientes económica y culturalmente de un modelo que degrada los suelos al punto de perder los servicios naturales que el agroecosistema brinda y haciéndose dependientes de los agroquímicos obteniendo rendimientos cada día más bajos, esto resulta en una disminución de la rentabilidad y en el desapego de las prácticas tradicionales y culturales que forman su identidad (Saldaña & Ocampo, 2007; Díaz & Salinas, 2002). También se observa una dificultad por parte de los productores de cambiar sus prácticas productivas por otras amigables con el ambiente.
Uruguay se ha visto afectado por las prácticas agrícolas modernas, sufriendo impactos negativos ambientales, en los suelos cultivables y en cuencas hidrológicas, así como impactos sociales en lo que refiere a la concentración de la tierra y su extranjerización (Gazzano & Gomez, 2015). La agricultura industrial ha crecido intensamente en los últimos años con la explosión de la soja transgénica, cuyo cultivo crece en un 120% entre 2003 y 2013 (Carriquiry 2015; Gazzano & Gomez, 2015), proceso también evidenciado por el aumento de la importación de fertilizantes (340%) y herbicidas (874%) ocurrida entre 2002 y 2014 (DIEA-MGAP 2016).
Claros ejemplos de eutrofización se pueden ver en la cuenca del río Santa Lucía, laguna del Sauce y laguna del Cisne (Kruk et al., 2013). Donde el uso de suelo (agricultura industrial, tambos, vertimiento de aguas urbanas y desechos industriales), han deteriorado la calidad del agua, por la contaminación de fósforo y nitrógeno y metales pesados, en algunos casos teniendo como consecuencia el crecimiento de cianobacterias tóxicas y una alta mortandad de peces (Bonilla et al., 2015). En el caso de la laguna del Cisne, de donde se abastece de agua potable a más de 30000 personas del área de la Costa de Oro, Canelones, estas actividades resultaron en un deterioro importante de la calidad del agua y de la vida en el área, afectando a la salud de la población que reside en la zona, siendo constatados casos de diarrea, sarpullidos, ardor y tos (RAPAL, 2013). Todo esto condujo al establecimiento de medidas cautelares para la regulación de las actividades productivas y el uso del suelo en esa área, con la intención de hacer una transición hacia actividades agroecológicas amigables con el ambiente, en orden de proteger este reservorio de agua dulce (Intendencia de Canelones, 2015).
El aumento del precio de la tierra y la acaparación de grandes superficies por sociedades anónimas, fomenta la desigualdad social, impactando duramente sobre la clase trabajadora y los pequeños productores y comerciantes, cuya consecuencia es la migración de la población del campo a las ciudades (Bidegain et al., 2010). También la falta de variedades y de alimentos orgánicos atenta contra la soberanía alimentaria de la población del Uruguay (Barg & Queirós, 2007).
Es ahí donde cobra importancia la agroecología, que representa una alternativa productiva sustentable, rentable económicamente y regenerativa de los ecosistemas. Ésta incorpora ideas sobre un enfoque de la agricultura ligado al medio ambiente y más sensible socialmente (Altieri, 1997).
Entre las herramientas que propone la agroecología, los biofertilizantes es una de las más importantes, ya que permite el ingreso de materia orgánica, nutrientes y microbiología al suelo, mejorando su estructura y su fertilidad. Estos son preparados biológicos en base a agua, sales minerales y restos orgánicos producidos tanto en condiciones aerobias como anaerobias. Los procesos metabólicos como la respiración aerobia o la fermentación anaerobia por parte de los microorganismos presentes en estas preparaciones, resultan en la degradación de los restos orgánicos, produciendo moléculas capaces de ser asimiladas por las plantas, además de aumentar el tamaño de sus poblaciones y su diversidad en el suelo, permitiendo mejorar la salud tanto del suelo como de los cultivos, dada su alta capacidad de competencia con microorganismos fitopatógenos y la excreción de sustancias beneficiosas para los cultivos. La importancia de los microorganismos en el suelo del ecosistema agrícola yace en los servicios que estos aportan. Participan de ciclos biogeoquímicos, degradando materia orgánica y haciendo disponibles los nutrientes que las plantas necesitan para su desarrollo. Los microorganismos son capaces, por ejemplo, de fijar el nitrógeno atmosférico y solubilizar el fósforo, además protegen a las plantas de posibles patógenos y favorecen el crecimiento vegetal mediante la producción de fitohormonas y otras sustancias beneficiosas para las plantas (Ferrera Cerrato & Alarcón, 2001; Frioni, 2006).
Desarrollar esta área del conocimiento es importante para poder implementar una agricultura sostenible tanto para el ambiente como para los productores y consumidores. En lo referente a bioinsumos, hay mucho conocimiento que aún no ha sido validado por un método de estudio científico, lo cual dificulta que los productores tomen las decisiones adecuadas para sus circunstancias particulares. Esta necesidad de investigar y desarrollar productos de calidad para la agroecología, fue la razón principal para la creación de Ecosativa.

Bibliografía
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