La Agroecología como alternativa sustentable.

Una opción para los problemas de la agricultura “convencional”.

La agricultura “convencional” proveniente de la llamada “revolución verde” se basa en el uso de fertilizantes y plaguicidas químicos sintéticos, cuyo uso indiscriminado repercute en los ecosistemas, deteriorando la calidad de suelos y cuerpos de agua, así como también afectando negativamente la salud humana y la economía de los pequeños productores (Gliessman, 2002). La sobreexplotación del suelo, en conjunto con el uso excesivo de maquinaria y agroquímicos, y la falta de incorporación de materia orgánica, han conducido a la degradación de las propiedades físicas, químicas y biológicas que determinan la productividad de los suelos (Viteri, 2002).

Los alimentos conteniendo residuos de plaguicidas vienen deteriorando nuestra calidad y esperanza de vida teniendo consecuencias particularmente grave en quienes viven cerca de zonas de aplicación (Karam et al., 2015; Hernandez et al., 2017). En lo que respecta a lo social, la agricultura industrial no beneficia la diversificación económica ni fomenta la soberanía alimentaria. Los productores a escala familiar se vuelven dependientes económica y culturalmente de un modelo que degrada los suelos al punto de perder los servicios naturales que el agroecosistema brinda y haciéndose dependientes de los agroquímicos obteniendo rendimientos cada día más bajos, esto resulta en una disminución de la rentabilidad y en el desapego de las prácticas tradicionales y culturales que forman su identidad (Saldaña & Ocampo, 2007; Díaz & Salinas, 2002). También se observa una dificultad por parte de los productores de cambiar sus prácticas productivas por otras amigables con el ambiente.
Uruguay se ha visto afectado por las prácticas agrícolas modernas, sufriendo impactos negativos ambientales, en los suelos cultivables y en cuencas hidrológicas, así como impactos sociales en lo que refiere a la concentración de la tierra y su extranjerización (Gazzano & Gomez, 2015). La agricultura industrial ha crecido intensamente en los últimos años con la explosión de la soja transgénica, cuyo cultivo crece en un 120% entre 2003 y 2013 (Carriquiry 2015; Gazzano & Gomez, 2015), proceso también evidenciado por el aumento de la importación de fertilizantes (340%) y herbicidas (874%) ocurrida entre 2002 y 2014 (DIEA-MGAP 2016).
Claros ejemplos de eutrofización se pueden ver en la cuenca del río Santa Lucía, laguna del Sauce y laguna del Cisne (Kruk et al., 2013). Donde el uso de suelo (agricultura industrial, tambos, vertimiento de aguas urbanas y desechos industriales), han deteriorado la calidad del agua, por la contaminación de fósforo y nitrógeno y metales pesados, en algunos casos teniendo como consecuencia el crecimiento de cianobacterias tóxicas y una alta mortandad de peces (Bonilla et al., 2015). En el caso de la laguna del Cisne, de donde se abastece de agua potable a más de 30000 personas del área de la Costa de Oro, Canelones, estas actividades resultaron en un deterioro importante de la calidad del agua y de la vida en el área, afectando a la salud de la población que reside en la zona, siendo constatados casos de diarrea, sarpullidos, ardor y tos (RAPAL, 2013). Todo esto condujo al establecimiento de medidas cautelares para la regulación de las actividades productivas y el uso del suelo en esa área, con la intención de hacer una transición hacia actividades agroecológicas amigables con el ambiente, en orden de proteger este reservorio de agua dulce (Intendencia de Canelones, 2015).
El aumento del precio de la tierra y la acaparación de grandes superficies por sociedades anónimas, fomenta la desigualdad social, impactando duramente sobre la clase trabajadora y los pequeños productores y comerciantes, cuya consecuencia es la migración de la población del campo a las ciudades (Bidegain et al., 2010). También la falta de variedades y de alimentos orgánicos atenta contra la soberanía alimentaria de la población del Uruguay (Barg & Queirós, 2007).
Es ahí donde cobra importancia la agroecología, que representa una alternativa productiva sustentable, rentable económicamente y regenerativa de los ecosistemas. Ésta incorpora ideas sobre un enfoque de la agricultura ligado al medio ambiente y más sensible socialmente (Altieri, 1997).
Entre las herramientas que propone la agroecología, los biofertilizantes es una de las más importantes, ya que permite el ingreso de materia orgánica, nutrientes y microbiología al suelo, mejorando su estructura y su fertilidad. Estos son preparados biológicos en base a agua, sales minerales y restos orgánicos producidos tanto en condiciones aerobias como anaerobias. Los procesos metabólicos como la respiración aerobia o la fermentación anaerobia por parte de los microorganismos presentes en estas preparaciones, resultan en la degradación de los restos orgánicos, produciendo moléculas capaces de ser asimiladas por las plantas, además de aumentar el tamaño de sus poblaciones y su diversidad en el suelo, permitiendo mejorar la salud tanto del suelo como de los cultivos, dada su alta capacidad de competencia con microorganismos fitopatógenos y la excreción de sustancias beneficiosas para los cultivos. La importancia de los microorganismos en el suelo del ecosistema agrícola yace en los servicios que estos aportan. Participan de ciclos biogeoquímicos, degradando materia orgánica y haciendo disponibles los nutrientes que las plantas necesitan para su desarrollo. Los microorganismos son capaces, por ejemplo, de fijar el nitrógeno atmosférico y solubilizar el fósforo, además protegen a las plantas de posibles patógenos y favorecen el crecimiento vegetal mediante la producción de fitohormonas y otras sustancias beneficiosas para las plantas (Ferrera Cerrato & Alarcón, 2001; Frioni, 2006).
Desarrollar esta área del conocimiento es importante para poder implementar una agricultura sostenible tanto para el ambiente como para los productores y consumidores. En lo referente a bioinsumos, hay mucho conocimiento que aún no ha sido validado por un método de estudio científico, lo cual dificulta que los productores tomen las decisiones adecuadas para sus circunstancias particulares. Esta necesidad de investigar y desarrollar productos de calidad para la agroecología, fue la razón principal para la creación de Ecosativa.

Bibliografía
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